Mientras tanto
Mi siglo, cuyos últimos días serán bellos…
Nazim Hikmet
I
Continúo viviendo
con nuevos materiales:
las manos
ya más viejas recipientes,
la novia más esposa, el pan
más cerca.
(El sol volvió a parirse como una mórbida naranja.)
Canto
a esta incalificable sucesión de comienzos,
a esta clásica manera de crecer desde las sábanas
a este decir caramba y descubrir la ruta
que como pez mediato
nos grita antecedentes sin escamas.
(El sol es una mórbida naranja.)
De nuevo he visto:
el hambre amaneciendo rauda entre los autobuses;
la miseria clavando su cristiana bandera
bajo las ropas de las prostitutas;
los perros sin sentido;
los estudiantes rumbo a las universidades
hablando de dinero y arzobispos,
de patria, whisky, calificaciones,
partidos liberales y estampillas!
¡Es eso, grito, exhorto, es eso lo que duele,
tanto o muchísimo más que un epitafio!
II
He venido a salvaros de esa herencia tremenda.
¿Cuál es la prescripción? ¿Dónde, respuesta,
elevas tu alegría de mazorca?
Simple es la voz: ¡Hay que afiliarse al alba,
a la esperanza!
(Rezad junto a mi sangre camarada:
“Vámonos a vivir por todos este día
Amanezcamos luz, estrellas combatidas,
sin vencimientos sórdidos ni oscuras
deserciones del viento”.)
Claro,
que os nacerán serpientes laterales,
que os harán cárceles gimnastas
para negaros aire,
que os llegará la escarmentante marejada,
el golpe excrementado,
el nombre,
la liturgia…
¡Pero seréis la vida!
(Mañana
el sol se parirá de nuevo como una mórbida naranja.)
Erasmo de Róterdam
Una cajetilla de fósforos
en la época de las cavernas.